
Pongamos que se llama Elena y que pesa 90 kilos. La imprecisión de estos datos no cambia lo valioso de su relato. Esta mujer, que no quiere dar su nombre real, llevaba 20 de sus 50 años sin subirse a una báscula. Sabía, no hacía falta un número para saberlo, que estaba clínicamente obesa, pero lo ha...
Pongamos que se llama Elena y que pesa 90 kilos.
La imprecisión de estos datos no cambia lo valioso de su relato.
Esta mujer, que no quiere dar su nombre real, llevaba 20 de sus 50 años sin subirse a una báscula.
Sabía, no hacía falta un número para saberlo, que estaba clínicamente obesa, pero lo había aceptado.
Un día, mirando Instagram, le salió un anuncio de una plataforma que vendía Mounjaro.
“Pude volver a hacerlo sin apagar la luz”, decía.
Lo ignoró.
“Pude subir en un avión sin pedir un ex...



