Era el día 48 de su nueva vida.
Habían pasado cuatro años de penurias para entrar a vivir en un piso propio, un hito nada fácil para cualquier pareja joven en Madrid.
Era de madrugada y ella cenaba en el salón los restos del almuerzo tras haber llegado del concierto de su pareja, un cantante de punk que descansaba en el dormitorio.
De repente, el salón se iluminó.
Por el balcón entró el cañón de luz de un foco de búsqueda policial.
Ella se asomó y vio que en la estrecha calle de Carabanchel había varios coches policiales.
Al megáfono una agente le gritó: “¡Señora! ¡tenemos una alerta de intrusión! ¡Baje ahora mismo!“.Seguir leyendo.
