Durante años dimos por hecho que cada generación sería más progresista que la anterior.
Pero ese axioma se ha roto: hoy muchos hombres jóvenes son más reaccionarios que sus padres, y los datos lo muestran en España, en Estados Unidos, en Europa o en Corea del Sur.
Y quizá hemos contado el fenómeno solo por su cara más vistosa —la derechización— sin mirar su reverso: chicos que están dando la espalda a valores progresistas, y que canalizan contra ellos la rebeldía de la edad.
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